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Opinión de experto  - Informes de mercado

¿Cómo podemos prepararnos para la revolución de la inteligencia artificial?

Dado que, previsiblemente, la inteligencia artificial se infiltrará en casi todos los aspectos de la vida moderna en el plazo de una generación, analizamos algunas de las implicaciones más significativas que esta tecnología traerá consigo.

31/12/2018

Andrew Howard

Andrew Howard

Responsable de análisis sobre sostenibilidad y criterios ESG

La inteligencia artificial (IA) promete conllevar unos cambios sociales y económicos equivalentes a los de la revolución industrial.  Sin embargo, estas profundas transformaciones tendrán lugar durante una sola generación, en lugar de durante varias generaciones, tal y como sucedió durante la primera revolución industrial, lo que permitió a la sociedad adaptarse a los cambios.

Apenas hemos empezado a vislumbrar los efectos de la inteligencia artificial, y conocer el alcance total de sus repercusiones futuras resulta imposible. Sin embargo, destacamos cuatro áreas generales en las que esta tecnología incidirá y que creemos que revestirán una importancia especial:

  • El potencial para generar ingentes beneficios económicos
  • Disrupción en el mercado laboral y ajustes en el plano social
  • Concentración de poder y desafíos normativos
  • Instituciones públicas y salud presupuestaria

Con el tiempo, esperamos que los Gobiernos respondan a los retos de la inteligencia artificial. El proceso de adaptación seguramente sea tortuoso, dado que las oportunidades que genera la inteligencia artificial podrían desarrollarse más rápido que la capacidad de los Gobiernos para abordar sus desventajas.

El potencial para generar ingentes beneficios económicos

El abanico de consultores y expertos del sector que han analizado este tema hasta la fecha coincide de forma casi unánime en que la inteligencia artificial aportará beneficios económicos considerables. De acuerdo con algunas estimaciones, la inteligencia artificial podría generar 16 billones de dólares adicionales en términos de producción para 2030, apuntalada por los considerables incrementos (entre el 11% y el 40%) de la productividad laboral.

Si estos números se materializan, las implicaciones irían mucho más allá de los sectores tecnológicos nicho. El McKinsey Global Institute prevé que el 70% de las empresas adoptará al menos una modalidad de la inteligencia artificial para 2030[1] y nuestras conversaciones informales sugieren que este tema ya ha sido abordado en la mayoría de juntas directivas.

Disrupción en el mercado laboral y ajustes en el plano social

Una tecnología con capacidad para tomar decisiones de forma autónoma podría revolucionar los empleos que dependen del raciocinio, el conocimiento y el análisis. Ello podría afectar de forma considerable a las plantillas.

Sin embargo, el quid de la cuestión no es tanto la pérdida permanente de puestos de trabajo como la necesidad de que los trabajadores actualicen sus competencias con conocimientos tecnológicos y se adapten a los diferentes papeles que los profesionales desempeñarán en esta incipiente economía interconectada. Esto resultará fundamental para que las empresas puedan seguir siendo competitivas y cosechar éxitos futuros.  

La adopción de la inteligencia artificial por parte de los trabajadores seguramente empezará con un incremento de la contratación de personas expertas en técnicas de inteligencia artificial por parte de las empresas más importantes. Con el tiempo, el peso de la toma de decisiones debería recaer sobre estas técnicas, conforme su efectividad quede acreditada.

Proporcionar formación y apoyo a las sociedades para que puedan realizar esa transición de forma fluida, así como una red de seguridad para aquellas que no puedan hacerlo, resultará vital para mitigar el malestar social. En vista de que las sociedades se muestran cada vez más desapegadas de sus autoridades representativas, proporcionar esa red de seguridad podría ser clave para proteger el papel que desempeñan las instituciones públicas.

Concentración del poder: cómo deberían responder las compañías

La inteligencia artificial seguramente dará lugar a que las empresas líderes ocupen posiciones de poder que se retroalimentarán. Las empresas más grandes acumulan más datos, lo que les proporciona una ventaja competitiva. Si aprovechan este factor con buen criterio, podrán desarrollar análisis y medidas más potentes, lo que aumentará su tamaño y fortalecerá sus posiciones competitivas.

De cara al futuro próximo, los líderes tecnológicos seguramente busquen mantener su posición dominante, y el poder corporativo se concentrará en manos de un reducido número de compañías. Esto podría llevarnos a un contexto monopolístico perjudicial en el que el bienestar social y los intereses de los consumidores o de los trabajadores queden supeditados a la rentabilidad y en el que la actividad de estas compañías se vea sometidas a un número excesivamente reducido de controles y evaluaciones.

Esta concentración de poder supone un auténtico quebradero de cabeza para los reguladores, especialmente cuando se les encomienda la supervisión de sectores tecnológicos intangibles en los que los activos tienen movilidad internacional. Prevemos que los responsables políticos pondrán un énfasis cada vez mayor en limitar el poder potencial de los líderes de la inteligencia artificial. Con el tiempo, seguramente se cree un marco normativo que limite el alcance del uso de la inteligencia artificial o exija compartir información para fomentar la competencia. Probablemente se haga especial hincapié en proporcionar transparencia, de tal forma que se exija a las compañías que expliquen cómo se toman las decisiones algorítmicas.

En nuestra opinión, será cada vez más importante que las empresas hagan hincapié en los beneficios que el uso de datos y la inteligencia artificial pueden generar, en lugar de centrarse en controlar ambos aspectos para crear ventajas competitivas.

Proteger a las empresas públicas y los ingresos fiscales

Los Gobiernos ya están experimentando dificultades para incrementar los ingresos fiscales lo suficiente como para lidiar con las crecientes demandas derivadas del envejecimiento de la población. Resulta probable que las ganancias se concentren en manos de un menor número de personas o compañías, generando así mayores desafíos para los Gobiernos que intentan gravarles. La transición hacia el crecimiento en sectores intensivos en términos de propiedad intelectual también ha empezado a generar dificultades presupuestarias para los Gobiernos con escasez de liquidez. Muchos de ellos han respondido mediante la adopción de medidas coordinadas (especialmente por medio del G20) para garantizar que las empresas tecnológicas (que históricamente han buscado minimizar sus pagos de impuestos) abonan impuestos en consonancia con su tamaño. La UE está sopesando aplicar un impuesto del 3% sobre los ingresos en el sector.

De cara al futuro, seguramente sea necesario emprender reformas fiscales más revolucionarias y aumentar la cooperación internacional de cara a abordar la amenaza que plantea la escasez de liquidez y que podría socavar la capacidad de los Gobiernos para proporcionar los servicios que las sociedades esperan. Será más importante que nunca que las empresas se centren en modelos de negocios que logren beneficios sociales y rentabilidad sin apoyarse en estrategias fiscales agresivas para apuntalar las ganancias.

La fórmula para el éxito de la inteligencia artificial

Extraer conclusiones concretas sobre los efectos de la inteligencia artificial, que apenas han empezado a manifestarse, solo puede hacerse en forma de conjeturas.  A medida que se intensifica la supervisión, consideramos que las compañías que tienen más probabilidades de tener éxito son aquellas que cumplen los siguientes criterios:

  • Disponen de planes para llevar a cabo una optimización de las aptitudes de sus plantillas
  • Generan ventajas competitivas a través de su uso de los datos y de la inteligencia artificial para lograr beneficios sociales, lo que se traduce en un respaldo hacia sus actividades, en lugar de diseñar aplicaciones comerciales que no pueden demostrar su valor para el público
  • Evitan estrategias fiscales agresivas e insostenibles o situarse fuera del marco normativo, algo que podría producirse a medida que se endurezcan la intervención fiscal

Los retos sociales son inevitables, y esperamos que los Gobiernos y las autoridades reguladoras se centren cada vez más en abordar las dificultades que traerán consigo. Esta respuesta política ayudará a distinguir a las empresas que se han preparado para afrontar esos retos de aquellas que no lo han hecho.

 

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Las opiniones expresadas aquí son las de Andrew Howard, Responsable de análisis sobre sostenibilidad y criterios ESG, y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos  de Schroders.

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