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Informes de mercado

Perspectivas para 2018: la economía global

En la primera parte de la serie de artículos para valorar las perspectivas del próximo año, Keith Wade analiza si la combinación de un escenario de fuerte crecimiento y baja inflación puede continuar en 2018.

01/12/2017

Keith Wade

Keith Wade

Economista Jefe

La economía mundial está experimentando un auge sincronizado, en el que la mayoría de las regiones están generando un buen crecimiento a pesar de los conflictos políticos en algunas partes del mundo. Como resultado, hemos mejorado nuestras previsiones de crecimiento global para 2018 hasta el 3,3% frente a la estimación anterior del 3%. Esto marca una aceleración moderada desde 2017, que también se ha mejorado del 3% al 3,2%. De confirmarse, esto convertiría a 2018 en el año de mayor crecimiento mundial desde 2011.

¿Provocará otro año de sólido crecimiento una aceleración de la inflación y un endurecimiento de la política monetaria? Hasta ahora, el aumento de la actividad no lo ha hecho, pero la pregunta es si la combinación del escenario idílico de fuerte crecimiento y baja inflación puede persistir en 2018.

Previsiones de mayor crecimiento e inflación

Tanto las economías avanzadas como emergentes disfrutarán, previsiblemente, de un mayor crecimiento en 2018. En el mundo desarrollado, hemos elevado nuestras previsiones para EE. UU. y la zona euro del 2% al 2,5%, y del 2% al 2,3%, respectivamente. En Japón se prevé un aumento del 1,8% (1,5% anteriormente) y en los países emergentes elevamos nuestras previsiones de crecimiento hasta el 4,9% (4,8% anteriormente). El segundo dato refleja que se espera un mayor crecimiento en la mayoría de las economías BRIC (con la excepción de la India, donde hemos revisado nuestras expectativas a la baja) e incorpora una cifra ligeramente más alta para China en 2018 con un 6,4%.

Pronosticamos una inflación del 2,3% en 2018 (desde el 2,2%), un resultado reforzado por la subida de los precios del petróleo y las materias primas, y reflejado en el repunte de la inflación de los precios al productor en todo el mundo en los últimos meses.

Una economía idílica menguante

En este sentido, en 2018 se producirá una disminución de la combinación idílica de crecimiento mayor de lo esperado e inflación menor de la esperada. Factores estructurales tales como el efecto de la tecnología siguen siendo importantes, pero las fuerzas cíclicas sugieren que la inflación comenzará a coger fuerza con la reactivación de la actividad económica el próximo año.

Política monetaria: más estricta (y no solo en EE. UU.)

Estas perspectivas apuntan a un nuevo endurecimiento de la política monetaria por parte de la Reserva Federal (Fed) y, si la política fiscal brinda un impulso adicional al crecimiento, podemos esperar tres alzas de tipos el próximo año tras una subida en la reunión de diciembre de 2017. Actualmente, se prevé que los tipos de los fondos federales cierren 2017 al 1,5%, 2018 al 2,25% y 2019 al 2,5%.

Por otra parte, podemos ver que las políticas monetarias tanto del Banco Central Europeo (BCE) como del Banco de Japón están avanzando en una dirección más dura. En Europa, creemos que la expansión cuantitativa (QE) terminará en septiembre de 2018 y que los tipos subirán en 2019. En Japón, suponemos que se mantendrá el control de la curva de rendimientos; sin embargo, vemos una fuerte probabilidad de que el Banco de Japón eleve el objetivo de rendimiento de los bonos gubernamentales a diez años, lo cual representa un punto de inflexión hacia una política más estricta.

Escenarios: resultados reflacionistas más probables

Los riesgos de la cola macroeconómica mencionados apuntan a un entorno reflacionista y esto se refleja en nuestro análisis de escenarios. Nuestros dos escenarios reflacionistas son “auge del comercio mundial” y “reflación fiscal estadounidense”. El “auge del comercio mundial” se traduce en un mayor crecimiento e inflación, dado que el alza empuja los precios de las materias primas hacia arriba. Por su parte, el escenario de “reflación fiscal estadounidense” prevé un impulso fiscal, que incluirá recortes fiscales más profundos y un aumento del gasto en infraestructuras, lo cual elevará la inflación. Si bien ambos escenarios dan lugar a un aumento de la inflación, en el último esto se concentra en EE. UU.

Una actividad económica más fuerte es también una característica de nuestro escenario de “reactivación de la productividad”, aunque aquí la inflación no se acelera, ya que el crecimiento adicional va acompañado de un aumento de la productividad. Últimamente han surgido indicios alentadores de que la productividad está mejorando en EE. UU. y este escenario asume que continuará durante el periodo analizado.

Riesgo de pérdidas: deflación y estanflación

En el lado negativo, tenemos dos escenarios que podrían dirigirnos hacia la dirección deflacionista: “estancamiento secular” y “repunte de los rendimientos de los bonos”. En el primero, el actual ciclo expansivo se desvanece y la economía mundial vuelve a caer en una tendencia deflacionista débil. Aunque esto no parezca probable en la actualidad, es importante reconocer que aún existen grandes obstáculos estructurales para el crecimiento mundial (por ejemplo, altos niveles de endeudamiento y deterioro demográfico). El escenario de “repunte de los rendimientos de los bonos” pronostica un brusco endurecimiento de las condiciones financieras conforme la Fed y el BCE desplieguen sus políticas de expansión cuantitativa, lo cual conduciría a un entorno deflacionista.

Tenemos dos escenarios que dan lugar a un resultado de estanflación (de crecimiento débil mientras la inflación sube): “la inflación se acelera” y “mayor proteccionismo”. Como sugiere su nombre, el escenario de “la inflación se acelera” pronostica una mayor inflación con un crecimiento económico más lento a medida que los bancos centrales responden endureciendo sus políticas monetarias. El escenario de “mayor proteccionismo” es aquel en el que los países elevan los aranceles, en respuesta a un aumento del proteccionismo. Esto, a su vez, se traduce en una desaceleración de la actividad y un aumento de la inflación conforme el comercio se contrae y el precio de las importaciones sube.

De lo idílico a la reflación

2017 estuvo caracterizado por una combinación de crecimiento estable y baja inflación; una economía idílica en que la actividad no estaba ni demasiado fría ni demasiado caliente para provocar una aceleración significativa de la inflación. Previsiblemente esto cambiará en 2018. El próximo año, esperamos que la inflación se acelere junto con el crecimiento y que la política monetaria se endurezca. Según nuestro análisis de escenarios, los riesgos tienden hacia un entorno más reflacionista que deflacionista, dado que consideramos más probable el apoyo fiscal y un posible auge del comercio mundial.

Puede acceder a otros artículos de nuestra serie de Perspectivas para 2018 aquí.

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